1.- Primer contacto con el grupo intermedio

Ayer fue mi estreno en el grupo intermedio. Éramos poquitos: seis personas y dos psicólogas. Como éramos tan pocos, casi no sabían qué hacer con nosotros... bromas aparte, la psicóloga nos informó de que íbamos a charlar un poco para hacer tiempo hasta que entrase un chico que estaba en una acogida y quería darnos su testimonio.

Abrió la sesión con una pregunta general sobre cómo estábamos. Me preguntó si conocía a todos; los conocía a casi todos menos a una chica que fue la primera en hablar. Su testimonio fue durísimo: un endeudamiento enorme en apenas dos años a causa del juego, con una hija pequeña y enfrentándose a una posible pena de cárcel porque sus deudas no son con entidades financieras, sino con particulares. Al terminar, la psicóloga nos preguntó qué sentíamos. Algunos dijeron pena o tristeza; yo sentí una angustia real imaginando lo que debe sentir esa mujer si llega a entrar en prisión y la separan de su hija. Debe ser terrible.

La ronda siguió con una pregunta directa: ¿qué nos había causado el juego en nuestras vidas? Cada uno fue exponiendo, además de las deudas, problemas de aislamiento y, en mi caso, los problemas de salud derivados del estrés permanente, como el insomnio (algo que compartían otros compañeros).

Estuvimos hablando también de la Ley de Segunda Oportunidad. Mi compañero de bolsa, que trabaja en un banco, expuso estar en contra; era partidario de que cada uno asumiera sus deudas, como él había hecho. La psicóloga preguntó si era el Estado quien pagaba esa deuda cancelada y él afirmó que no... que lo perdía el banco. Me sorprendió la postura de "aceptación" de las psicólogas (y de él mismo quizá) si era el Estado quien asumía la deuda, y el rechazo a que fuese el banco.

Expuse que, en realidad, el negocio bancario es así: tiene riesgo de impago y los bancos ya manejan esas cifras. Cuando ofrecen préstamos, los intereses ya compensan los que se van a perder. Comenté que quizá, si en lugar de hacer políticas tan agresivas hicieran estudios de solvencia reales, no les pasaría eso. En mi caso concreto, me concedieron dos préstamos preconcedidos sabiendo perfectamente que no tenía capacidad para pagarlos, ya que tenían todos mis datos de ingresos y gastos.

Después entró el chico al que esperábamos. Nos contó su historia con las apuestas deportivas, la ruleta y el póker. Tuvo un primer intento fallido, recayó, y a la segunda ya se lo tomó en serio. Lleva tres años en la asociación y confesó sentirse muy bien ayudando a otros. Cuando abrieron el turno de preguntas, lancé una llevándola a mi terreno: expuse que siento cierto miedo a mi propia cabeza porque la bolsa no es azar puro. Tras años estudiando estrategias, temo que mi cabeza me devuelva a esos pensamientos que surgen solos. Le pregunté si a él le pasaba lo mismo con las apuestas "con fundamentos".

Respondió hablándome de sus herramientas para no volver al infierno, pero no contestó si sentía esos pensamientos. Intenté reformularla, pero no me entendieron. Entonces habló el compañero que también hace bolsa. Me preguntó si había cerrado mis cuentas de trading. Le dije que no (no las pienso cerrar de momento por si tengo problemas con Hacienda) y su tono fue casi amenante. Me dijo que me quitase de la cabeza esos pensamientos.

Mientras intentaba convencerme de lo que yo tenía que pensar, no pude evitar reflexionar que, en el fondo, él sabía que lo que yo exponía era un problema real. Él había estado en la asociación hace diez años, estuvo cinco sin hacer bolsa y después, con la pandemia, "decidió" que iba a operar otra vez y acabó de nuevo aquí. Ese "decidió" es el que me preocupa a mí.

Me llama la atención esa falta de sinceridad o el miedo a reconocer que es la propia cabeza la que trabaja por dentro proponiendo ideas que van en contra de nuestros intereses. Estoy seguro de que él también tiene esa lucha interna, pero cuesta exponer las cosas como son. Mi psicóloga intervino diciendo que estaba muy bien que pusiera esos miedos sobre la mesa y que lo trabajaríamos en las sesiones individuales.

En general, salí muy contento. Estas terapias no tienen nada que ver con las de iniciación. Aquí te fuerzan a hablar de otra forma, sin quedarte en la superficie.