10.- ¿Enfermedad o responsabilidad? El dilema de la etiqueta

En la terapia de ayer éramos pocos: seis personas y las dos psicólogas. Parece que el buen tiempo hace que la gente prefiera otros planes antes que la sesión. Se abrió el grupo con una pregunta directa: ¿Cuándo os disteis cuenta de que teníais un problema?

La mayoría respondió que lo supo en el momento en que pidieron dinero prestado; ahí identificaron su ludopatía. Cuando llegó mi turno, mi respuesta fue distinta: «Estoy aún en proceso».

Conté que llegué a la asociación por desesperación, porque no podía pagar las deudas y se me pasaban ideas extremas por la cabeza, como irme al extranjero o buscar un trabajo nocturno. Encontré la Ley de Segunda Oportunidad, pero sentí que también necesitaba ayuda psicológica. El primer día solté toda la culpa colgándome la etiqueta de "enfermo", pero después, casi sin querer, retomé la responsabilidad de mis actos y dejé de sentir la enfermedad como tal.

La psicóloga bromeó diciendo: «Vaya, y eso que estás en el intermedio... te bajamos a iniciación de nuevo». Yo respondí que hiciera lo que tuviera que hacer, que simplemente estaba siendo sincero con lo que siento.

Traté de explicar que ahora experimento la impulsividad de forma consciente, experimentando con mi cuerpo con la alimentación y con el deporte. A veces siento el impulso de comer hidratos o de comprar algo innecesario ( como un reloj de running) , y trabajo en posponerlo. Sin embargo, en el trading es distinto. Puedo diferenciar perfectamente cuándo operaba tranquilo de esos "días oscuros" en los que me autosaboteaba y perdía el control. Esos días sí los definiría como ludopatía, pero no sé por qué sucedían.

Me llamó la atención cómo los demás parecen identificar la enfermedad con tanta facilidad. A mi juicio, la mayoría se cuelga la etiqueta de "enfermo" desde el primer día porque es lo cómodo: así tienen a los familiares de su lado y mantienen la abstinencia sin realizar un verdadero trabajo interior de desarrollo personal.

En mi caso, sigo teniendo pensamientos sobre la bolsa. No los decido yo, simplemente están ahí. Mi cabeza propone planes futuros, como las cuentas de fondeo, lo cual al final es lo mismo. La pasión por esta actividad está muy arraigada. Me quedé con la sensación de no saber si hice lo correcto al ser tan franco, pero la terapia no tendría sentido si no expresara mi realidad.

Como concluí en la sesión: ya me gustaría que todo fuera más sencillo y no tener esos pensamientos, pero la apetencia no ha desaparecido. La diferencia es que ahora soy yo quien la controla. El plan de pagos de 5 años de la Ley de Segunda Oportunidad me sirve ahora como una red de autoprotección obligatoria.

Mi mente necesita estar enfocada en algo que me guste mucho; si no, aparece el trading. Ahora estoy volcado en el deporte y la alimentación, experimentando lo que es la adicción en acción (como con los carbohidratos). Me fui con una extraña sensación de "culpabilidad" por no sentirme como los demás, por no llevar la etiqueta de "ludópata" con resignación desde el minuto uno. Pero soy consciente de que lo que me va a salvar es la sinceridad real conmigo mismo. En las terapias no me creo que todo el mundo esté tan bien ni que todos vean su enfermedad con tanta claridad; a veces, es solo la comodidad de una etiqueta para mantener a las parejas o el entorno sin demasiado esferzo.