16.- En la recta final de la Ley de Segunda Oportunidad

Ayer recibí un mensaje del departamento documental de mi bufete de abogados avisándome de que iban a solicitar de nuevo mis antecedentes penales porque se los pedían desde el juzgado. No pude evitar hacerles la pregunta del millón: si el administrador concursal había presentado ya su informe o no. Me sugirieron que contactara con la abogada que lleva directamente mi caso para confirmarlo, pero me adelantaron que, por lo que veían en el sistema, el informe ya estaba presentado y los antecedentes eran precisamente para tramitar la solicitud de exoneración de las deudas.

¿Qué significa esto? Que muy probablemente esta misma semana presenten la solicitud y, a partir de ese momento, se abra un plazo de diez días para que las entidades bancarias presenten alegaciones. Después, toda la documentación pasará al juez, que será quien decida si concede la exoneración de las deudas y autoriza el plan de pagos propuesto. Estamos en el tramo final...

La noticia me dio una alegría enorme, aunque vino acompañada de un pellizco de nervios. La mente no descansa y sigue con su trabajo incesante de proyectar los peores escenarios posibles. Aun así, ya va quedando menos. Los bancos, en principio, solo podrían alegar si detectan algún error en las cifras o si no están de acuerdo con el plan de pagos... Después le tocará valorar todo al juez, y lo que más inquietud genera es que deba determinar si se actuó de buena fe o con negligencia.

Es al echar la vista atrás y reflexionar sobre este punto cuando te das cuenta de lo destructivo que es este problema. Como en ese momento no eres verdaderamente consciente de lo que haces, te quedas atrapado en la fantasía de tu propia mente: un escenario donde todo sale bien, donde no solo recuperas lo perdido, sino que terminas haciéndote rico... Recuerdo perfectamente esos pensamientos. Y me vienen a la cabeza también los testimonios de tantos compañeros en las terapias, da igual si venían de la lotería, del casino o de cualquier otro juego. Todos compartíamos lo mismo: nuestras mentes jamás contemplaban la posibilidad de perder; daban por sentado que la siguiente vez recuperaríamos cada euro... Pero esa "siguiente vez" nunca llegó.

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