69.-Mi calma no depende de que me entiendan

Cuando hablo de mis cosas a mi psicóloga, ella en ocasiones me dice que por qué no intento explicar a las personas que me rodean mis emociones, lo que siento y por qué, para que puedan comprenderme. Yo siempre le digo que sí, pero en mi cabeza hay una vocecilla que se ríe por dentro, imaginando o recordando determinadas escenas… así que escucho esa vocecilla riéndose en el interior de mi cabeza, desafiándome a que lo pruebe. Porque no es tan fácil.

Así que hoy, como no tengo otra cosa mejor que hacer ahora mismo, voy a escribir algo curioso que me sucedió y que me gustaría explicar a mi psicóloga en la próxima sesión… si es que no sucede algo más interesante entre medias.

Cuando escribo intento siempre que las cosas de las que hablo queden un poco difusas, que nadie se sienta identificado, pero hoy hablaré de una cuestión de pareja, porque si no, no se va a entender lo que quiero explicar.

Ayer fue un día normal (que yo sepa, porque nunca se sabe lo que hay en la cabeza de la persona que tienes enfrente, claro… ahí entran en juego un montón de cosas que desconoces: pensamientos, hormonas, etc.). Así que, partiendo de la base de que yo pensaba que estaba siendo un día tranquilo, en la cena, hablando de ciertas cosas que habían pasado durante el día, terminamos hablando de que yo tengo cierta sensibilidad para detectar cosas en otras personas. Es decir, cierta intuición.

Esto lo sé desde hace mucho. De hecho, en entrevistas de trabajo, en pocos minutos suelo detectar bastante bien el tipo de perfil de la gente y normalmente no me suelo equivocar. A veces sí, y cuando eso ocurre, siempre digo que me la colaron en la entrevista. Por poner una cifra, en el 80 % de las veces suelo acertar… creo que es una cifra bastante buena.

Pues bien, mi pareja me decía que ella también sentía que tenía bastante intuición con las personas y que detecta “energía”, como lo llama ella. Aproveché para explicarle algo que había aprendido recientemente leyendo y escuchando algunos pódcast de neurociencia. Le dije que yo a veces me siento muy cansado por este motivo.

Parece ser que, en determinadas personas —especialmente personas que han sufrido traumas de pequeños—, el sistema nervioso se altera y se vive en un estado de alerta permanente (inconscientemente, claro está). Este tipo de personas no es que tengan un don especial, sino que su cuerpo se ha adaptado para vivir en un estado de estrés constante, de alerta. Y esto consume muchísima energía.

Desde hace muchos años vengo observando cómo, cuando estoy en reuniones, cuando conozco gente nueva, cuando hay situaciones tensas, acabo agotado. Y es por este motivo: porque inconscientemente mi cuerpo está recopilando muchísima información de lo que sucede a mi alrededor. Mi cabeza después recompone todo, me bombardea con conversaciones, detalles, etc.

Esto lo sé porque llevo 47 años conviviendo conmigo mismo. No hace falta que trate de convencer a nadie de que esto me ocurre por dentro. Lo que trato de investigar es por qué sucede, qué le pasa a mi cuerpo. Porque es una cosa que no quiero que sea así: me consume energía y me resta años de vida. Además, vivir en un estado de alerta permanente puede provocar muchísimas enfermedades.

Pues bien, intentando explicar esto a mi mujer, empecé a decirle que yo tengo sensibilidad porque mi cuerpo está en alerta constante y por eso estoy tan cansado muchas veces. Porque yo trabajo con personas, con un equipo de 25 personas, con clientes… y para mí es agotador.

Apenas unos segundos de explicación y me contesta que es raro, porque a ella le parecía justo lo contrario en determinadas situaciones que sucedieron hace más de nueve años,(por la referencia que dio, de cuando estaba embarazada). Sin decir a qué se refería exactamente, empezó a poner palabras que yo no había dicho, como que yo soy una persona altamente sensible. Yo ahí ya me quedé callado y simplemente contesté que yo no había dicho eso.

Acto seguido, un ataque:
—¿Qué dice tu psicóloga? ¿Que lo estás haciendo bien, verdad? Te lo dice porque es su trabajo.

Yo me quedé en silencio, no hablé más. Ella lanzó un par de ataques más, y yo me quede en silencio sintiendo las emociones que se generan en mi cuerpo ante una persona que parece saber más que tú sobre ti mismo.

Sinceramente, hablaré con mi psicóloga a ver qué opina de todo esto, porque desde fuera puede verse fácil, pero desde dentro es diferente. Cada persona es un mundo. Tratar con personas que son complicadas y que no ponen de su parte, obviamente, es complicado.

¿Soluciones? Muchas. Por el momento, la solución que persigo es recuperar mi calma, mi paz interior y seguir avanzando un día más, pase lo que pase en el exterior. Sigo siendo dueño de mi interior.