ANTI-TRADING
72.- Ser el hijo ejemplar ya no me sostiene
Nueva noche de insomnio, esta vez provocada por un mensaje que recibí ayer de mi padre, en el que decía que necesitaba saber qué íbamos a hacer con un dinero que me prestó para las inversiones.
Cuando lo leí, pensé que mi banco estaba haciendo presión, llamando a mi padre por teléfono, ya que tengo una cuenta compartida con él. Hace unos meses llamaron a mi mujer, porque también comparto una con ella. Ahora mismo no puedo cancelar ninguna cuenta del banco hasta que finalice el proceso de la Ley de Segunda Oportunidad.
Por un momento pensé que se refería a cancelar la cuenta del banco. Por no darle información concreta, le respondí diciendo que ahora mismo no puedo tocar nada, que si le corre prisa busco la forma de devolverles el dinero, pero que si pueden esperar se lo agradezco. Me respondió que está mirando para ir a una residencia, pero que puede esperar un poco.
Llevo toda la noche sintiéndome muy mal, porque mis padres están en una situación muy compleja, en la que no se aguantan el uno al otro y cada poco tiempo nos dicen a los hijos que se quieren separar e ir cada uno por su lado.
Este dinero que me reclama mi padre me lo prestaron hace 9 años y fue el inicio de mi perdición, porque tras perderlo fue cuando pedí dinero prestado al banco y empezó mi tortura.
El caso es que hace un año conseguí cerrar una operación con la que podía haber saldado todas mis deudas, incluida esta. Eso me hubiera dejado a cero, sin posibilidades de seguir haciendo trading. Pero en la situación en la que estaba en ese momento, en la empresa, y con una ansiedad terrible por la situación laboral y familiar, el trading era mi única salida.
En lugar de devolverles al menos a ellos el dinero —cosa que tenía que haber hecho lo primero—, lo conservé en una cuenta bancaria aparte, que en principio no pensaba tocar, pero que después utilicé también cuando fui perdiendo todo lo mío.
Ahora ya no puedo cambiar el pasado. Solo actuar sobre el presente.
Y ahora me enfrento a esta situación: por un lado no quiero hacer sufrir a mis padres, no quiero contarles lo que me ha pasado ni que estoy en un centro de rehabilitación de ludopatía. No quiero contarles que su hijo es adicto, que ha preparado un lío gordísimo, que ha estado a punto de quitarse la vida varias veces por desesperación. Y aunque ahora estoy haciendo las cosas bien, contar lo que ha pasado implica hablar de muchas cosas muy duras.
Así que no he pegado ojo en toda la noche, valorando qué hacer. Porque si se lo cuento, sufren. Y si no se lo cuento, también sufren, porque mi padre se debe pensar que no quiero devolver el dinero y no sabe las causas.
Cuando me lo prestó le dije que se lo devolvería en cinco años, y han pasado nueve. Sé de sobra que si las cosas entre ellos estuvieran bien no me lo reclamaría, pero como están mal, quieren separar cuentas y todo, y él quiere su parte.
En la asociación nos dicen que hay que contar lo que nos ha pasado a nuestra familia, porque es bueno para nosotros. Yo solo se lo he contado a un hermano.
Esta noche he llegado a la conclusión de que, si se lo contase, mucha culpa de la que siento por no haberles devuelto el dinero desaparecería. A cambio, me enfrento a ese momento duro de contarles por lo que he pasado y a dónde he llegado. A esa vergüenza indescriptible que solo puede conocer alguien que está pasando por lo mismo.
Sin embargo, cuando me detengo un momento a pensar, debería asumir de una vez que esto es una enfermedad ( que lo es , aunque yo no la sienta o no me sienta identificado , porque sigo asumiendo la responsabilidad de mis actos ) , en ligar de mantener un conflicto interno . Estamos hablando de una enfermedad mental, agravada por la situación externa muy compleja en mi entorno cercano ( trabajo y familia ) . Nadie elige esta enfermedad. Nadie quiere sufrir lo que he sufrido y lo que sigo sufriendo cada día.
Mi cerebro no funciona bien. No me permite descansar. Con cada preocupación se sigue disparando mi sistema de alerta.
Esta noche he sufrido mucho, haciendo intentos mentales de explicar todo a mis padres. Porque el cerebro no distingue lo que sucede en realidad de los pensamientos y las emociones se disparan igual.
No sé cómo hacerlo. Este tipo de situaciones son de las más difíciles a las que uno puede enfrentarse en la vida.
Mis padres siempre me han tenido como un referente entre los hijos, como un hijo ejemplar. Y parte de lo que soy y de las decisiones que he tomado es precisamente por ese motivo: por no querer molestar, por no querer hacerles sufrir.
Pero es posible que haya llegado el día de decir: hasta aquí ese personaje. Porque no lo puedo sostener más.
Soy lo que soy, y a día de hoy no soy lo que ellos se imaginaban.
Tal vez mucha culpa que siento se diluya si cuento todo, aunque se que contar esto les va a doler, espero que ese dolor se diluya al sentir por su parte que su hijo tiene la confianza suficiente con ellos para contarle con sinceridad todo este proceso.
MI cabeza me dice que hable ya, cuanto antes. Mi corazón no lo tiene tan claro.
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