73.- Resistir cada día a tu propio cerebro

Hace un par de días, el día de la entrevista con la TV, mientras charlábamos el presidente de la asociación, una psicóloga en prácticas y yo, la conversación derivó hacia las terapias. Yo comenté que me estaban gustando más las terapias de los sábados que las de los martes, ya que en la de los martes participa un número más reducido de personas, pero el coordinador siempre intenta que hablemos todos. Eso implica que no da tiempo a que cada uno hable mucho y la mayoría de las intervenciones quedan en testimonios cortos y superficiales.

Sin embargo, en la de los sábados hablan cuatro o cinco personas y los testimonios son más largos y emocionales. Al hilo de esto, yo dije que no me creía que la gente no piense en el juego, porque por el simple hecho de estar en la asociación ya estás pensando en ello. Entrar por esa puerta implica asumir que tienes un problema con el juego. Por lo tanto, decir que no se piensa en ello es totalmente falso. A mi me sorprende escuchar a los compañeros decir que no piensan en el juego. El presidente de la asociación opinaba como yo.

Añadí que yo había tenido un par de días en los que no había pensado en el juego, aunque solo fuese por momentos, y fueron precisamente dos días en los que se me olvidó completamente conectarme a las terapias online. Eso sí es que el juego se te olvide. Y se olvida por momentos del día . Quien tiene deudas no puede olvidar el juego. Es imposible.

El presidente de la asociación añadió que mucha gente no sabe dónde está metida. Se refería a personas de la propia asociación. No saben en qué lío se han metido, no entienden lo que implica realmente esta enfermedad. Así, a diario vemos gente que está en la asociación, pero sabemos que sigue jugando.

A mí eso me sigue sorprendiendo desde el principio y me genera siempre la misma sensación. Por la forma de hablar de algunas personas, pienso que o yo soy muy exagerado con las emociones, o me como demasiado la cabeza con todo esto, o soy de los pocos que realmente es consciente del problema real: de que nuestros cerebros han sufrido cambios tras años de juego y que ahora cambiar requiere tiempo, esfuerzo y muchísimo trabajo.

Sin ir más lejos, estos dos últimos días han sido tremendamente complejos a nivel emocional. Tanto, que tuve que escribir a mi psicóloga para decirle que no me encontraba nada bien. Mi padre me estaba reclamando un dinero que me prestó. Yo no les he contado nada de lo que me ha pasado. Ahora mismo no puedo devolverles ese dinero, aunque lo tuviese y aunque quisiera, porque tengo que tener muchísimo cuidado con los movimientos de mis cuentas por el tema de la ley de segunda oportunidad.

Además, no quiero contarles a mis padres lo que me ha pasado, porque no quiero que sufran. Esto generó en mi interior un conflicto enorme que me quitó el sueño y me provocó un sufrimiento brutal durante toda la noche. Mi cabeza no paraba de repetirme que tenía que contarlo para poder liberarme de esa carga. Si no lo hacía, sabía que iba a pasar muchos días así y que el problema no iba a terminar.

Al día siguiente me presenté en casa de mis padres con la intención de contárselo todo. Pero al llegar allí, ellos empezaron a contarme sus propios problemas y ya no pude decir nada.

Por la tarde hablé con mi psicóloga sobre este tema y me recomendó darme tiempo. Me dijo que quizá era preferible hablar con mi mujer y que fuese ella quien me dejase el dinero para devolverlo a mis padres, porque entendía que ellos no están en una buena situación y que contarles todo esto solo les añadiría un sufrimiento que tal vez no es necesario.

Así que al día siguiente le expliqué todo esto a mi mujer. Ella me dio su apoyo, porque ve cómo estoy trabajando y entiende que el problema de fondo es una enfermedad. Y aun así, solo ha visto la punta del iceberg. Porque si supiera lo que hay por dentro…

Llevo cinco meses en recuperación y me aterra comprender cómo funciona esta enfermedad. Porque es invisible. No se ve. Soy incapaz de distinguir si tantos años operando eran una decisión mía o si realmente mi cerebro me engañaba para conseguir dopamina y anestesiar mis pensamientos para no sufrir. Por eso digo que no “siento” la enfermedad como tal. Porque no se ve, no porque no la entienda o no me vea reflejado.

Sin embargo, como le dije a mi psicóloga por teléfono, me da miedo sentirme tan vulnerable a mis emociones y a mis pensamientos. No era consciente hasta ahora del sufrimiento que llevo dentro, de cómo afecta terriblemente a la calidad del sueño, de cómo hay una tristeza generalizada instalada que no se mueve. De cómo la culpa permanece ahí, aplastante, imborrable, de la mano de la vergüenza, del miedo a hablar, del miedo a que la gente sepa que tengo este problema.

Todo esto crea un desgaste emocional enorme, difícil de explicar para quien no lo ha vivido.

La ludopatía trae consigo dos problemas muy importantes. El primero es que no hay límite, como sí ocurre con otras sustancias, como el alcohol o las drogas ( en realidad el alcohol es una droga.... me refiero a cualquier adicción a sustancias ), donde el propio cuerpo te pide parar cuando ya has tomado demasiado. En el juego no hay límite. El cuerpo nunca te pide que pares. Al contrario.

El segundo problema aparece en la recuperación. Si dispones de dinero, estás en riesgo extremo de volver a jugar. Por eso, en la asociación se recomienda no llevar nada encima y que otras personas controlen tus cuentas, con todo lo que eso implica en una sociedad de consumo como la nuestra. Así vemos muchas recaídas de compañeros que no llevan absolutamente nada de dinero y justifican todos sus gastos a sus familiares con tickets. Pero un día se les " va la olla " y se juegan en las máquinas unos euros que de una forma u otra ( legal o ilegal ) han ido a parar a sus bolsillos. EN sus testimonios explican que solo han sido unos pocos euros, que no era para tanto . Pero sin entender que no importa la cantidad. Aquí solo caben dos posibilidades, o tu ganas a la enfermedad ( abstinencia para siempre ) o ella te gana a ti y te hace jugar en algún momento, por poca cantidad que sea. No hay más.

En mi caso no es así. Mi mujer lleva el control de las cuentas, pero yo dispongo de tarjetas y dinero. Aun así, yo siento malestar por no poder comprar cosas debido a la ley de segunda oportunidad, y eso ya me genera incomodidad. Especialmente ahora en Navidades, donde tengo que comprar regalos. No quiero ni imaginar lo que deben sentir los compañeros que no llevan absolutamente nada encima.

Los compañeros veteranos que siguen así, sin manejar dinero, lo ven normal. Supongo que eso es rendirse completamente a la enfermedad en lo que respecta al dinero y asumir que no pueden tenerlo cerca, y aprender a vivir de esa manera.

En resumen, cada día me doy más cuenta de lo tremendamente compleja que es esta enfermedad. Como le dije a mi psicóloga, estoy feliz de estar en la asociación y de tener una mano que me sostenga. Sé que cuando me encuentre mal puedo llamar y me van a ayudar.

En recuperación es fundamental reconocer que necesitamos ayuda, que este camino no se puede recorrer solo. Es un camino muy peligroso, porque no transitarlo con éxito puede llevar a la cárcel, al hospital o a la muerte. En la propia asociación ha habido casos de suicidio de compañeros que estaban en rehabilitación.

Por eso uno tiene que aprender a convivir con todo el sufrimiento que lleva dentro. A manejar a ese enemigo interior en el que se ha convertido el cerebro. No es enemigo por voluntad propia, sino porque está enfermo. No funciona correctamente. Ha sido modificado durante los años de juego . No porque sea malo, ni porque esté en tu contra, sino porque ha respondido de la forma en que está diseñado por naturaleza. El problema es que la exposición constante al juego ha provocado cambios profundos que ahora van en contra de tus intereses, de tu salud y de tu vida.

Ese cerebro se ha hecho muy fuerte. Es capaz de crear pensamientos terribles, desencadenar emociones y estados físicos muy desagradables, todo para empujarte de nuevo a jugar, para conseguir aquello que cree necesitar para sobrevivir: dopamina.

Si quieres salir de esto, tienes que resistir a todo eso, con un ojo puesto en el calendario, siendo muy consciente de que cada día que pasa avanzas, tu cerebro va cambiando y se va curando. Y los días siguen pasando, uno tras otro. No se detienen. Y el éxito es seguir , un día más, aunque duela.

Hay que trabajar en todo lo que beneficie al cerebro: lectura, pintura, deporte, meditación. Terapias. Muchas terapias. Para ver tu dolor reflejado en el dolor de los demás. Para no olvidar nunca qué es lo que sucede si permites que tu cerebro vuelva a conseguir lo que quiere: engañarte otra vez.

La ludopatía es la enfermedad del autoengaño. Tienes que aprender a detectar los mecanismos que utiliza tu cerebro para engañarte. Y aprender a sortearlos, una y otra vez.