81.- Cuando el universo te devuelve la sonrisa

Desde hace muchos años, tengo la capacidad de ver cuándo el universo me sonríe. Lo hace a su manera, de una forma tan sutil que pasa desapercibida para la mayoría, pero yo lo veo. Me gusta sentirlo. Al empezar este año, mi mente estaba puesta en hacer esfuerzos diarios para cambiar mi vida, en hacer cosas diferentes para tener un año diferente. Un estado de WhatsApp de uno de mis contactos me confirmó que el universo estaba de acuerdo conmigo: publicaba exactamente la misma frase que yo tenía en mente.

Llamadlo manía, pero siempre he visto estas pequeñas señales como empujones para hacer cosas que, de entrada, no me apetecen. Empecé arreglando cosas en casa que llevaban meses rotas, como unos enchufes. Mientras lo hacía, se despertó mi mujer y le solté que me iba a apuntar con ella al torneo de pádel del fin de semana. Mentalmente me apetecía mucho, pero mi cuerpo no respondía; no tenía nada de energía. Aun así, sabía que tenía que salir del bucle y que el deporte me vendría bien.

Al levantarme del suelo tras arreglar los enchufes, me hice daño en una rodilla. Maldita sea. Estuve un par de días con rodillera y con la sensación de que algo se iba a romper en cuanto jugara. Fui a caminar con los perros bajo la lluvia para ver si el dolor remitía. Nunca he considerado la lluvia un impedimento; es solo agua, y en casa siempre hay ropa seca para cambiarse.

El día del torneo llegó tras una noche de descanso real. Habíamos dejado a los niños con los abuelos, algo que no hacíamos desde verano. Necesitaba ese respiro. Los niños chillan, se pelean, te dan abrazos... son niños. Pero yo no soy un adulto cualquiera; soy un adulto en rehabilitación. Mi cerebro no funciona igual que el de alguien que no ha pasado por una adicción. A veces me falta la paciencia que debería tener y eso me hace sufrir, especialmente con mis hijos. Intento ser un buen padre, pero a veces siento que no tengo las herramientas. Es como si pusieras a Fernando Alonso a competir con un Ford Fiesta: él tiene el talento, pero el coche no responde. O al revés: te dan a ti un Fórmula 1; te vas a salir en la primera curva porque no tienes el control. Para eso es la rehabilitación: para recuperar el control.

Curiosamente, he descubierto un truco contra el insomnio: apagar la caldera de gas por la noche. Me di cuenta de que los "fogonazos" que pega al arrancar me despertaban. Dos días apagándola, dos días durmiendo algo mejor. Toda ayuda es poca.

De camino al club, le decía a mi mujer que me gustaría volver a jugar en algún equipo de chicos. El año pasado capitaneé un equipo donde mi único objetivo era el buen rollo, pero los piques entre unos pocos lo mandaron todo a la basura y me salí el primero. No estoy dispuesto a que una actividad que debe darme bienestar se convierta en un calvario de conflictos infantiles.

Jugamos el torneo y no fue nada mal: ganamos tres partidos y perdimos dos. La rodilla aguantó, aunque llegué a casa cojeando. Lo interesante vino después, en el picoteo del club. Charlamos con otros jugadores, gente muy agradable. Entre ellos estaba un chaval apodado por nosotros mismos "Pelotazos Locos", un nombre que se ganó tras darnos un pelotazo a cada uno hace meses. En realidad en nombre de " pelotazos locos " se lo había puesto él junto a su pareja en una liga que jugamos el año pasado.

Mi mujer le preguntó en qué equipo jugaba. Él respondió que en ninguno, sólo partidos con gente desconocida que cuadraba con playtomic. Pero mira, me están intentando fichar ahora mismo pero no puedo porque es para más de de 35 años - respondió a mi mujer. Mi mujer, hábil, me dio un codazo: Apúntate tú. El promotor del nuevo equipo , que estaba escuchando, me preguntó: «¿En qué equipo juegas?». Al decirle que en ninguno, me soltó: Pues apúntate con nosotros. Pero te aviso: nuestra regla es cero malos rollos, nada de piques. Solo queremos pasarlo bien y tomar una cerveza después del partido.

Me quedé asombrado. Repitió lo de la cerveza dos veces. Eso es lo mío, le dije ( refiriéndome a lo del buen rollo... también lo de la cerveza , no nos engañemos...). Le conté mi mala experiencia del equipo anterior y vi que estábamos totalmente alineados. El universo te da lo que quieres cuando haces el pequeño sacrificio de ir a buscarlo, incluso sin energía y con la rodilla fastidiada. Como decía Steve Jobs, me gusta «conectar los puntos hacia atrás». Si no hubiera hecho el esfuerzo de ir al torneo, no habría encontrado ese equipo que tanto me apetecía.

Después de comer fuera y ver Avatar (una película preciosa), volví con tanta energía que redacté cuatro capítulos de mi libro. Ya estoy por la mitad, justo donde empiezan a pasar las cosas realmente interesantes. En el libro, precisamente, contaré muchas de estas cosas que me han pasado y que parecen fruto de la magia del universo.