82.- Inicio del sexto mes de rehabilitación . Cómo explicar si no se ha visto el sol , que denso sale...

No deja de sorprenderme la ironía con la que se mueve el mundo. Y cuando digo mundo, me refiero a las cosas que nos pasan, a lo que sentimos y a nuestras relaciones con los demás. Llevaba varios días sin escribir tras unas Navidades en las que me refugié en el papel para escapar de la depresión.

Mi vida es un no parar de lunes a viernes, entre el trabajo y el ajetreo de los niños, pero ese ritmo se intercala con el vacío de los fines de semana, donde literalmente siento que no tengo fuerzas para seguir. En Navidad necesitaba parar, y paré... pero quizá demasiado. Al no tener que llevar a los niños a sus actividades ni ayudarles con las tareas, el exceso de tiempo libre hizo que la tristeza se transformara en una depresión que me ató a la cama varios días. Sin energía para el deporte, sin ganas de leer, ni de ver películas, ni de jugar... ni siquiera de cenar con la familia.

Lo único que me salvó fue la escritura. En esos días surgió la inspiración y di un buen empujón al libro donde cuento mi historia. Sin embargo, cuando llegué al capítulo sobre mi mentor, me bloqueé. Necesitaba saber cómo estaba él tras más de tres meses de silencio. Le había enviado mensajes sin respuesta y sentí que necesitaba su espacio; ambos habíamos compartido en el pasado esa sensación de vacío existencial.

Y entonces, misteriosamente, hoy ha publicado un vídeo explicando su situación. Me ha llegado al corazón porque creo que le entiendo. Como diría Robe Iniesta en Destrozares: «cómo podría explicar, sin ver salir el sol, que denso sale.. ». De la misma forma, no se puede explicar la depresión o el vacío existencial si no se ha experimentado. Yo también necesito esos refugios, esos espacios de no tener contacto con nadie para intentar comprenderme y huir de mis propias voces. A veces el entorno no lo entiende, pero es necesario permitirse sentir ese vacío. No es malo tocar fondo; de hecho, de ese silencio me ha surgido la idea de un nuevo libro sobre adicciones dirigido a jóvenes, enfocado en cómo funciona la adicción más allá de la sustancia o el comportamiento.

Hace dos días volví a la terapia de grupo. Iba con pereza, pero con ganas de reencontrarme con los compañeros. Era una sesión solo para enfermos centrada en la gestión del dinero. Me sorprendió —y no para bien— la actitud del coordinador: cuando un compañero intentó hablar de su recaída en las drogas, le cortó diciendo que se ciñera al juego y que eso lo reservara para la psicóloga. Sigo sin entenderlo. Si estamos hablando de adicciones, ¿cómo no va a poder expresarse alguien que está sufriendo? para eso están las terapias... digo yo... para hablar lo que queramos . Es nuestro refugio para desahogarnos.

También regresó un compañero que llevaba dos meses sin ir después de que un coordinador le machacara por comprar un décimo de lotería. El resultado de aquella dureza fue que el chico no solo compró dos décimos más, sino que dejó de venir y ha acabado perdiendo 800 euros. Me sienta fatal ver cómo la actitud de un coordinador puede alejar a alguien de su recuperación.

Por eso, tengo tantas ganas de pasar al grupo intermedio coordinado por la psicóloga. Y aquí llega la posible buena noticia: el coordinador nos dijo que la psicóloga busca gente que lleve más de ocho meses sin jugar para ascenderlos de grupo. Aunque yo llevo seis meses en rehabilitación (pero mas de ocho sin jugar, y así lo aclaré), me dijo que hablara con ella.

Quién sabe, tal vez el universo me siga sorprendiendo y cumpla mis peticiones antes de tiempo. El lunes saldré de dudas.