ANTI-TRADING
88.- Aprendiendo a frenar
Llevo unos días sin escribir nada en el blog. Me centré de lleno en uno de mis libros y escribí varios capítulos del tirón, pero ayer me atasqué un poco. He decidido que quizá sea hora de frenar y descansar. Últimamente, estoy aprendiendo a no forzar las cosas en ningún aspecto de mi vida: si el cuerpo me pide dormir, duermo; si me pide escribir, escribo. Solo intento forzarme un poco en el deporte y en alimentarme mejor porque sé que ahí sí merece la pena ir en contra de lo que dicta la mente cuando la depresión aprieta.
Estoy aprendiendo a vivir a otra velocidad, a no exigirme tanto. Ayer escuchaba un podcast donde entrevistaban a Armando Folgado, un hombre que, a causa de un virus, se quedó tetrapléjico de la noche a la mañana. Escucharle te deja una sensación extraña de tristeza y compasión. Siempre he sido una persona muy empática, pero en este caso es realmente complejo ponerse en su lugar. Tiene que ser durísimo; como él dice, nadie está preparado para un golpe así.
Inmediatamente se me vino a la cabeza la historia de Davide Morana, que ya de por sí es dura, y pensé en lo que daría Armando por estar en su situación, haciendo una vida más o menos normal con sus prótesis. Lo que más me sorprendió es cómo Armando, lejos de pedir la eutanasia —como incluso le llegó a recomendar algún médico o psicólogo—, decidió luchar y reinventarse. Ahora está haciendo muchísimas cosas.
Escuchar historias como esta te pone en tu sitio. Te hace darte cuenta de lo mucho que nos quejamos por tonterías: porque alguien nos ha mirado mal, porque nos han hecho un comentario que no nos gusta, porque nos han quitado un sitio para aparcar o cualquier otra nimiedad del día a día.
A veces, para seguir avanzando en la rehabilitación, lo más productivo que puedes hacer es parar, mirar a tu alrededor y entender que, aunque tu batalla es real y dolorosa, todavía tienes herramientas para luchar .
Hoy me permito frenar.
Seguimos en el camino .
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