90.- El regreso del infierno: Valorar lo invisible

Lo bueno de ir superando la anhedonia y darse cuenta de que se ha estado paseando por el infierno es que, poco a poco, los pequeños detalles que pasan insignificantes para la mayoría ahora son tremendamente reconfortantes. Tal vez por eso muchas personas que han superado una adicción acaban agradeciéndola: porque los ha transformado profundamente y les ha hecho valorar la vida a niveles que alguien que no ha sufrido nunca no podría imaginar. Pasa igual con quienes han sobrevivido a enfermedades terribles o accidentes.

Y sí... llevo un par de semanas disfrutando de la vida. De lo que realmente se entiende por vida para un ser vivo: comer, dormir, tener un hogar, contribuir a la educación de los hijos y disfrutar de ellos, una pequeña escapada en familia o un buen rato a solas. Lo que sea, pero real.

De vez en cuando, el estrés llama a la puerta con alguna tontería del trabajo que descoloca la mente un rato e intenta llevarme a esos picos de cortisol. Pero ahora tengo la solución: ropa de deporte, salir a correr con el fresquito y sentir la humedad de la lluvia recién caída. Llego a casa como nuevo. Un ratito de escritura y a dormir. Mañana será otro día.

Lo siento por esa parte de mi mente que antes, ante estos mismos estímulos, me arrastraba al insomnio. De momento, la calma sigue presente y dominando el juego.